"Recuerda siempre que eres único, exactamente igual que todos los demás."
@gerardcd
Mi diario es un asunto privado, pero como ignoro el momento en el que me llegará la muerte y puesto que, por desgracia, no me siento inclinado a considerar seriamente mi autoextinción, me temo que estas páginas las verán otros. Ya que, de todos modos, entonces estaré muerto, no debería importarme demasiado quien las ve o cuando. Me llamo Antonio. Soy escritor aficionado, afirmación que me atormenta cuando pienso que alguien dará con mi relato y lo leerá, pero siempre me han disgustado profundamente los relatos con escritor de protagonista. Así que reclamaré para mí otro papel, uno que, si bien no ssutituya al primero, sí lo complemente, y será el de hijo, hermano, aficionado al arte, ciclista. Y aunque no sea por otro motivo me quedo con esta última ocupación, que tantos callos me ha provocado por la vergüenza que le causaba a mi padre, quien, durante años, se refirió a la bicicleta como "el familiar". Soy Antonio Matamoros. Como en casa, podéis llamarme Toni.
El séptimo hombre permaneció unos instantes en silencio mirando a quienes lo rodeaban. Nadie dijo una palabra. Ni siquiera se los oía respirar. Nadie cambió de postura. Todos esperaban a que el séptimo hombre prosiguiera. El viento había cesado por completo y, en el exterior, no se oía nada. El hombre volvió a tocarse el cuello de la camisa buscando las palabras.
En su paseo, el mapache encontró algo familiar en la hierba. Pensó en dejarlo crecer y acabar de raíz con el aburrimiento.
Los Jardines del Rey Roland
"Frutas y hortalizas"
Hasta fines del siglo XVI, la semejanza ha desempeñado un papel constructivo en el saber de la cultura occidental. En gran parte, fue ella la que guió la exégesis e interpretación de los textos; la que organizó el juego de los símbolos, permitió el conocimiento de las cosas visibles e invisibles, dirigió el arte de representarlas. El mundo se enrollaba sobre sí mismo: la tierra repetía el cielo, los rostros se reflejaban en las estrellas y la hierba ocultaba en sus tallos los secretos que servían al hombre.
En el fondo del bosque
" Antes de marcharse derribó los libros de las estanterías y encendió con ellos una hoguera en el patio, justo al lado de donde estaba enterrado su perro. El aire de la tarde venía cargado con el olor de la lluvia y él pensó que tendría tiempo de quemarlo todo. Después buscaría su maleta en el desván y metería en ella un par de camisas. Nada más. Cuando ella llegase a contarle sus mentiras sería tarde, ya llovería y unas brasas humeantes en el patio serían la única huella de que él estuvo allí. Todo quedaría limpio finalmente y cuando amaneciese de nuevo él estaría lejos olvidando lo más rápido posible todo lo ocurrido desde aquella tarde fatídica en que la encontró en la cola de un cine. Sólo esa sería su venganza; no dejar que ella supiese hasta qué punto conocía él su pasado y que en realidad no lo engañó nunca.
Una delicada y engrasada colección de algo más que mecánica bidimensional en "Una de robots" de Brian Despain.
Una mujer es capaz de llorar lo suficientemente alto como para que al resto del mundo le parezca que su tristeza está hecha de silencio. Es entonces cuando surge el miedo a quedar sola por tener una caja de pañuelos cerca. La gente está dejando de comprarlos porque presuponen la evidencia, la alergia, el novio que no está, los niños que no aprueban, la guerra en la cola del pan, las obras en el piso de arriba que no te dejan dormir, que no te dejan. Y el llanto se hace en el lavabo porque es la forma más higiénica de sucumbir a la hora de nombrarnos lejos. Luego se desplaza al sofá, al suelo, mientras el televisor acolcha los gemidos a base de noticias. La pena de otros es la nada que nos alimenta vivos, ciertamente nostálgicos para que los demás comprendan el peso, la altura y la latitud de nuestras dudas. Tenemos que hacer frente a la colcha sin sábana, porque sólo así podremos comprender que la soledad se parece demasiado a un aeropuerto. La gente sigue ahí, pero no se acerca.

