domingo 2 de enero de 2011

Gironda

Ignoraste su ausente cercanía
y en tu locura de color pintabas
de carnaval el incoloro espectro
disfrazando de fiesta su llegada.

Para rendir al fin tu rebeldía
en rictus de payaso fracasado.

Leopoldo

Y entonces, ¿en qué quedaba la Ciencia? ¿En los ferrocarriles, el teatro, los museos, los libros y el estudio? En el primer caso, podía dar lugar a que se pensara que él estaba abogando por una vida supercivilizada, alejada de todo contacto con la Madre Tierra, si en cual, el triunfo del perro lo decía a gritos, era factible pasarse. Y, sin embargo, Dios lo sabía bien,, nada más lejos de su pensamiento. Ya veía las despiadadas críticas en los periódicos: "Leopoldo Ralón, el super civilizado, ha escrito un atentario cuento en el cual, con una afectación y una pedantería sin límites, se permite etc.". Por otro lado, si el puercoespín daba cuenta del perro, no pocos supondrían que estraba sosteniendo un animal salvaje e hirsuto, capaz de echar por tierra los X años de esfuerrzao humano por una vida más confortable, más fácil, más culta, más espiritual, en fin. Durante meses este dilema absorbió todo su tiempo.


Leopoldo (sus trabajos)
Augusto Monterroso

Sin malos humos


"Todo un día las voces humildes
de invisibles pájaros
golpeada en la hierba la hora
sobre una hoja de oro
y el cielo que no deja de crecer."

Philippe Jaccottet