FAUSTO.-¡Pero yo lo quiero!
MEFISTÓFELES.-¡Sea en buena hora! Sin embargo, una sola cosa temo; el tiempo es breve y el arte es largo. Pienso que haréis en dar oídos a la razón. Asociaos a un poeta, dejad que el maestro divague en sus pensamientos y amontone sobre vuestra respetable testa todas las nobles cualidades: el arrojo del león, la agilidad del ciervo, la sangre ardiente del italiano, la constancia del norte. Dejadle que os halle el secreto de aunar la grandeza del ánimo con la astucia, y de apasionaros, conforme a un plan, con fogosos ímpetus juveniles. Hasta tendría yo gusto en conocer a un tal señor, le apellidaría señor Microcosmos.

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