En la antigua Grecia, “enthousiasmós “ o en Roma “en-ZEUS-iasmus”: dios dentro de uno mismo. Posesión divina. Aquellos que llevaban a un dios dentro de sí podían vencer los desafíos de la vida.
“El entusiasmo no es una cualidad que se construye o que se desarrolla. Es un estado de fe, de afirmación de sí mismo.”

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