y en la noche silente se tiende a descansar sobre las pieles
de las ovejas que ha sacrificado, con que cubren el suelo,
y solicita que le llegue el sueño,
ve, revoloteando en torno, un sinfín de fantasmas de forma sorprendente
y oye voces diversas y goza hablando con los dioses
y conversa con el mismo Aqueronte en las profundas simas del Averno.
Virgilio, Eneida
(VII, 86-92)
El Mundo bajo los párpados
Jacobo Siruela

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