domingo, 4 de septiembre de 2011

Etcétera

en el monte mi espectro burlón se alejará
con movimientos precisos de los demás,
aunque solo sea para escuchar a alguien decir
justo lo que alguien ha dicho ya.


Avanzando con el sigilo de un puma
llegará a Boston
y se sentará en el Howard Atheneum
bajo el non si fuma,


(cerca del techo, con los viejos
Con las arrugas, los ojos y los tumores.)
Avanzando con la precisión de un leopardo
o de una música, mi espectro

rendirá una misteriosa visita a las chicas desnudas
que se contonean al final de la segunda avenida
en el Teatro Bufo Como
Gustéis, o deslizándose

con el mayor sigilo en Hassan's, verá
bailar juntos a un turco, 
una chica y tres griegos,
mientras el primo del viejo Hombre de la Luna toca

la cítara. (Después,
con movimientos precisos, entraré flotando en Moskowitz's
donde el dueño toca el cimbalón, y 
Raisin, borracho, está con Jack Shargel en una mesa en
en medio de la intrincada música, pidiendo un Bosca,
cantando oona vaap y gesticulando como una Petruska.
Y yo gesticularé tanto como sea capaz 
en la transparente condición que

aflige a los espectros,
mis gestos estarán en pretérito
y serán espléndidos, pero pequeños y ridículos.)
Y después me dirigiré a una

casa cuya ventana esté abierta 
me deslizaré entre las cortinas
silenciosamente, como un gato o una melodía. Encontraré
con movimientos sigilosos y precisos una determinada 
habitación donde

estarás completamente dormida rodeada de tu cabello,
y besarás mi espectro imaginando
que es un sueño, hasta que yo, de un salto, 
me aparte bruscamente de ti para sumergirme en la mañana



E. E. Cummings