El señor del sombrero amarillo se me acercó para decirme: "¿Querría usted, acaso, formar parte de la cadena…?" –Y sin transición alguna añadió:–: "Sabe, de la cadena Acteón…" "¿Es posible…?" –le respondí–.
"¿Existe, pues, una cadena Acteón…?"
"Sí –me contestó fríamente– pero importa mucho precisar las razones, las dos razones del caso Acteón".
Sin poderme contener, abrí los dos primeros botones de su camisa y observé atentamente su pecho.
"Sí –dijo él–, las dos razones del caso Acteón. La primera (a su vez extendió su mano derecha y entreabrió mi camisa), la primera es que el mito de Acteón puede darse en cualquier parte."
Virgilio Piñera
Cuentos fríos
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