Mi abuelo vendía cerdos
siendo carnicero
y así mi padre fue pastor.
y así mi padre fue pastor.
Y todavía ayer,
le conoce todo el mundo
entre Feria y La Fuente,
Zafra y La Lapa
y ven sus ojos azules
de diamante apagado
y se arriman más a la mesa,
que era también la mesa del señor.
Después de la guerra, en primavera,
él se decidió por la vida: plantó
vides en un campo cercano,
convocó a sus primos
y convidó a los mendigos;
su mujer, Dolores, la de la cinta negra,
le regaló otros mil años.
Inventó la música de la manteca
y el fuego de la amargura,
hablaba, cortés, de los vientos
diciendo; casi ninguno es bueno,
y de la boda de los muertos.
A mí, para mi desesperación,
no me dio ni un chorizo,
pero me enseñó una puerta
y me dijo: Ésa es nuestra.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada