sábado, 6 de agosto de 2011

El vestido blanco


Imperceptiblemente, el mundo llega a ser cazado por su vestido blanco
Caminando en el bosque o el jardín, él podría llegar a ver
su forma de volar, súbita, breve, como una caricia
El brillo de su vestido blanco contra el árbol oscuro.

Y con indiferencia forzada, retenidos el deseo y el dolor
él la vio por la noche, y cuando durmieron en su cama
sus luminosas pisadas parecían más altas que los timbales, profundas como su desdén
así la blancura entró en su corazón, fluyendo de los pies a la cabeza.

Era su rostro en la ventana, el golpe rápido en la puerta
Entonces aparecía con su vestido blanco, su rostro blanco como su vestido,
Como la nieve en pleno verano, llegó y se fue, dejando rico a un día pobre
Y el sol crecía más alto, a lo lejos, y la luna se deslizaba hacia abajo.

Así pasaron los años, más feroz en su propósito de que su imagen creciera,
Ella se convirtió en el sueño abjurado de curar a los enfermos, la escritura de deshecho,
La vida no vivida, la respuesta nunca sabida,
Hasta que la sombra blanca de la luna se balanceara y el sol dejara de expirar.

Hasta que al final de su vida, la sombra de su cara blanca, el vestido blanco
Se convirtiera en su pensamiento más íntimo, su herida privada, la palabra no dicha,
Todo lo que él apreciaba en el fracaso, todo lo que había fallado en su éxito;
Se convirtió en la bola de cristal, entrevista, intocable sin interrupción.

Allí, en su lecho de muerte, de rodillas a los pies de la cama, temblando vio,
La imagen de la Diosa Madre, enorme, arcaica, cruel,
Dominadora del universo, creación de su propia ley inexorable,
Moldeada en piedra, su fuego y el hielo inundaron la sala como una piscina.

Y ella era la sombra en el vestido blanco, ligero y que ya no volaba,
Pero era sólida como la muerte. Su frío, firme, mirar hacia abajo,
Acerca a la mente la disolución del maravilloso acto de morir,
Y en su regazo, él la estrechó, libro cerrado, de hierro.
 
 
 
Este poema, maltraducido, es de Marya Zaturenska, (1902-1982)
ucraniana emigrante en Estados Unidos y apenas editada
en España, que ganó el Pullitzer de poesía
en 1938 con "Cold morning Sky" [inhallable].