Se han ido los últimos amigos;
abro las ventanas para que salga el humo,
para que entre la impaciente luz del día.
Todavía la casa resuena con sus risas,
en los vasos hay huellas de labios,
también sobre mis labios;
aún resuena el motor de un coche,
aún oigo renqueante el ascensor.
Y entonces llegas tú, la no invitada,
y con el hosco silencio de costumbre,
retiras platos, vacías ceniceros,
y antes de que amanezca,
antes que el sueño llegue,
ya no queda en mi casa ni en mi vida
el más mínimo rastro
de la fiesta.
Madrugada
José Luis García
La idea de nación no es lo que ella misma piensa sobre sí en el tiempo, sino lo que Dios piensa sobre ella en la eternidad.
Vladimir Soloviev, La idea rusa (1888)
y El Aprendiz
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