Los pájaros, en la pajarería, lloran en algarabía.
Los pájaros han inventado algo mejor que la casa, han inventado el nido.
Ay, aquella paloma de Filis... y, ay, aquellos pechos nevados con que soñaba Meléndez Valdés mientras su esposa, junto a él, hacía calceta.
Las bandadas de pájaros deberían ser nombradas doctoras honoris causa de las Facultades de Aeronáutica.
Una golondrina no hace verano, y en el amor, un solo pico tampoco.
Ejército del Aire...., un título marcial, puede que sí, pero a mí me suena más a título poético.
La golondrina que se ha posado en mi balcón, como yo, se asusta al verme. Huye volando. Y yo no puedo.
El avestruz, con su plumaje de prudencia negra, como el hombre sensato, ¿para qué se va a tomar la molestia de volar?
El canario es un tenor que nos regala entradas desde su jaula operística.
El loro no imita la voz, sino su eco.
Nolli me tangere, parece gritar el águila, desde su altura.
Lo mejor, dicen, es un pájaro en la mano... Y yo que prefiero esos ciento volando.
Enrique Baltanás
28 de Febrero 2011

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