jueves, 2 de junio de 2011

Out of nowhere

Una mujer es capaz de llorar lo suficientemente alto como para que al resto del mundo le parezca que su tristeza está hecha de silencio. Es entonces cuando surge el miedo a quedar sola por tener una caja de pañuelos cerca. La gente está dejando de comprarlos porque presuponen la evidencia, la alergia, el novio que no está, los niños que no aprueban, la guerra en la cola del pan, las obras en el piso de arriba que no te dejan dormir, que no te dejan. Y el llanto se hace en el lavabo porque es la forma más higiénica de sucumbir a la hora de nombrarnos lejos. Luego se desplaza al sofá, al suelo, mientras el televisor acolcha los gemidos a base de noticias. La pena de otros es la nada que nos alimenta vivos, ciertamente nostálgicos para que los demás comprendan el peso, la altura y la latitud de nuestras dudas. Tenemos que hacer frente a la colcha sin sábana, porque sólo así podremos comprender que la soledad se parece demasiado a un aeropuerto. La gente sigue ahí, pero no se acerca.


Pauline Drome

2 comentarios:

emmagunst dijo...

Qué cierto! Qué grandioso final!!!

A pesar de que ya no lloro, solo refunfuño...lamentablemente el tiempo pasa, los corazones rotos no vuelven a sanar, es difícil confiar y me acostumbré a mí misma. Por ahora nada de lágrimas de amor.

"La gente sigue ahí, pero no se acerca..." sin palabras

Antonio dijo...

Eres un encanto, Emma, además de sabia. Yo procuro acostumbrarme. Un placer