jueves, 2 de junio de 2011

En la isla de Nuncaira las cabras eran felices

Uno: estamos en peligro, un peligro mortal. Dos: ya casi no podemos distinguir entre lo que nos acaricia y lo que nos aplasta; de forma que el trabajo en los márgenes del horror cobra una delicadez de miniaturista persa. Tres: no voy a renegar de mi trabajosa fidelidad a la frágil carne humana, con todos sus sudarios y todas sus resurrecciones, con todas sus humillaciones y todas sus epifanías. No voy a renegar.


JORGE RIECHMANN
Con los ojos abiertos.
V: