"Yo estaba en la explanada observando la hoja de roble ocre y reseca. Cuando fui a cogerla, se alejó volando repentina e inexplicablemente. Eché a correr tras ella. Una vez más se me escapó de las manos. Una vez y otra y otra, hasta que por fin la atrapé, la apreté fuerte para, al abrir la mano, descubrir que ¡había dejado de existir!. Ese es el comienzo del relato… Me gusta utilizar esas palabras.”El rostro de Gogol
Kjell Johansson
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