Leopoldo
Y entonces, ¿en qué quedaba la Ciencia? ¿En los ferrocarriles, el teatro, los museos, los libros y el estudio? En el primer caso, podía dar lugar a que se pensara que él estaba abogando por una vida supercivilizada, alejada de todo contacto con la Madre Tierra, si en cual, el triunfo del perro lo decía a gritos, era factible pasarse. Y, sin embargo, Dios lo sabía bien,, nada más lejos de su pensamiento. Ya veía las despiadadas críticas en los periódicos: "Leopoldo Ralón, el super civilizado, ha escrito un atentario cuento en el cual, con una afectación y una pedantería sin límites, se permite etc.". Por otro lado, si el puercoespín daba cuenta del perro, no pocos supondrían que estraba sosteniendo un animal salvaje e hirsuto, capaz de echar por tierra los X años de esfuerrzao humano por una vida más confortable, más fácil, más culta, más espiritual, en fin. Durante meses este dilema absorbió todo su tiempo.
Leopoldo (sus trabajos)
Augusto Monterroso
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