Había en el lugar un zapatero, truhán de profesión y eterno decidor, a quien llamaban en el pueblo el azote de los predicadores, porque en materia de sermones su voto era el decisivo. En diciendo del predicador “¡Gran pájaro! ¡Pájaro de cuenta!”, bien podía aquel padre desbarrar a tiros largos; porque tendría seguros los más principales sermones de la villa.José Francisco de Isla
Fray Gerundio de Campazas
Comunicando
Nolasco
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