Por eso amo a esta gente, ya digo, poetas de los bares, su melena de versos cayendo entre los ojos, los amo por su confianza irresponsable en el sin embargo, por su apuesta manirrota al quizás, por su creencia en que el milagro es posible y el recital un día sucede, una de cada diez veces el bar se llena, uno de cada veinte espectadores escucha, y uno de cada cien comprende y aplaude los mejores poemas.
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