Hoy hago el panegírico del pan: me pongo de rodillas. Sobre la mesa han quedado miguitas para los gorriones, bajo la mesa para las gallinas, en mi mano para el vencejo que me visita al anochecer. Es dorado el pan de mi padre y yo no tengo prisa. Ya volverán las horas del silencio. Acabo de ver un cáliz de oro. No tiene vino y yo no tengo sed. Cuando florezca el duraznero este jardín será perfecto.José Viñals
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