Un indio pidió a los espíritus de la pradera que su miembro tuviera vida propia y pudiera vivir separado de él. Entonces, el Dios de los indios le obedeció y dotó a su miembro viril de movilidad, libre voluntad y albedrío, separado del resto del cuerpo del indio. Así, fuera de sus ingles el miembro, loco de contento, empezó a dar saltos y meterse en los tipis de las indias donde era acogido con burla y cariño. Hasta que, orgullloso de su poderío, empezó a correr por el campo y cayó en una mata de zarzas. Pinchado y herido por las espinas; sólo sabía decir: Uy!, uy!.El indio propietario, oyendo sus lamentos de dolor, corrió a sacar al miembro de aquel matorral, recogiéndolo y volviéndolo a poner en su sitio, de donde no debió nunca salir. Sin embargo, cuenta la leyenda que ésta es la razón por la que; cuando los hombres altivos y confiados ven a una mujer, su miembro les recuerda aquel antiguo viaje en solitario y por eso dan la vuelta, orgullosos y cobardes, mientras el miembro grita: Uy!, Uy!.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada