lunes, 3 de mayo de 2010

Las consecuencia económicas de la paz

Más, si el Presidente no era el rey de los filósofos , ¿qué era? (...) No era, en modo alguno, un hombre de negocios ni un político de partido vulgar, sino un hombre de fuerza, de personalidad y de importancia. ¿Cuál era, pues su temperamento?.

Una vez encontrada la explicación, todo se aclara. El presidente era algo así como un ministro no conformista, acaso un presbiteriano. Su pensamiento y su temperamento eran esencialmente ideológicos y no intelectuales, con toda la fuerza y toda la debilidad de tal manera de pensar, de sentir y de expresarse. (...)

Conservemos en nuestro espíritu este retrato, y volvamos al curso de los acontecimientos. El
que el presidente había dado al mundo, presentado en su discurso y en sus notas, había programa mostrado un espíritu y unos propósitos tan admirables, que sus simpatizantes no se ocuparon en juzgar los detalles; detalles que, según ellos, se habían omitido con razón en el presente, pero se darían a su debido tiempo. Se creía por la generalidad (...) que el presidente había pensado, auxiliado por sus consejeros, un plan que no sólo abarcaba la vida las naciones (...).

Pero el presidente, en realidad, no había trazado nada, y cuando llegó a la práctica, sus ideas eran nebulosas e incompletas. No tenía plan, ni proyecto, ni ideas constructivas para vestir con carne viva los mandamientos fulminados desde la Moncloa. Hubiera podido predicar un sermón sobre cualquiera de ellos, o dirigir una oración levantada al Todopoderoso para su ejecución; pero lo que no podía era encajar su aplicación concreta al actual estado de Europa .
No sólo no traía proposiciones detalladas, sino que en muchos respectos estaba mal informado de las circunstancias de España ".


a: Parafraseando a Keynes.