domingo, 2 de mayo de 2010

8

El turuntuntum turuntuntum se espació, se amortiguó; los topes chocaron con estrépito a lo largo del tren. El hombre, soltando las barras se dejó caer. Todo anquilosado, no podía moverse. Reinaba una oscuridad impenetrable. Muy despacio, salió arrastrándose, se puso de rodillas, luego en pie y se apoyó jadeante contra el furgón. Su cuerpo no era su cuerpo; sus músculos parecían astillas, sus huesos bielas torcidas. La luz de una linterna le quemó los ojos.
"Vivo, fuera de aquí. Los detectives de la Compañía están dando una batida."
"Oiga, amigo, ¿es esto Nueva York?"
"Pos claro que lo es. Sigue mi linterna; pués escapar por el lao del agua".
Sus pies apenas podían avanzar tropezando en las largas uves fulgurantes y en las líneas entrecortadas de los carriles. Dio un trompicón y cayó sobre una red de señales. Por fin se encontró sentado al borde de un muelle, con la ccabeza entre las manos. El agua batía dulcemente las estacas, sonando como lametazos de un perro. Sacó un periódico del bolsillo y desenvolvió un buen cacho de pan y una tajada de carne cartilaginosa. Se lo comió en seco, masa que masca, antes de poder refrescar la boca. Luego se puso en pie, en equilibrio inestable, se cepilló las migas de las rodilla, y miró a su alrededor. Hacia el sur, más allá de las vías, el lóbrego cielo se bañaba en un resplandor naranja.
"La Gran Vía Blanca -dijo graznando en voz alta-. The Great White Way."



John Dos Passos
"Manhattan Transfer"
Carriles

Coda: La seducción es chispa.