He visto a leones izar mis murallas, castillos levantarse de la noche a la mañana por arte de magia de los hechiceros, allí donde príncipes y brujas, princesas y duendes, guerreros antiguos, artesanos, labriegos, olvidaron el tiempo que existe más allá de la muerte y a los fieros dragones que asedian la fuente de la vida eterna, velada por la espada refulgente del amor más puro. Entonces, la montaña en que vivo y seguía con su único ojo a la Luna en la noche, hizo retumbar las firmes paredes levantadas hogaño y oscureció el firmamento de olvidadas promesas, perdidas allende los lejanos campos de la rosa silvestre.
Lo aguantamos todo, hace ya tanto tiempo que ni siquiera recuerdo, hasta que la Montaña cansada de esperar la palabra que sana, aquel nombre sagrado que la haría elevarse y mover a la tierra como un pájaro libre empezó, con la luz del destino que perdieron los hombres, a devorarse a sí misma. Así cuando el Monte, cuya historia perdió ya el sentido, comenzó a levantarse para tirar, al unísono, las piedras y dólmenes de vetustos castillos bajo los relámpagos que avisan del trueno en el cielo infinito, lo hizo asustado por un simple latido, un estremecimiento que venía desde el corazón de la misma roca con un compás rítmico, fugaz y minúsculo, escondido tras los estertores y ruidos de la confusión y el arcano olvido. Expectantes sobre el cielo, los dioses antiguos, del enorme desplome de la incólume masa que antes me habitara salió, cubierto del polvo y silencio de aquellas ruinas, un simple ratón.
Colaboración para la revista "El Casco" de Marzo.
Nº 17
Gracias, Cisco
Coda: El ángel de Deerhurst me esperará una tarde,
una sola tarde, como tú me esperaste en la tierra,
antes de la aniquilación de las montañas.
2 comentarios:
Realmente bonito.
Que nivelazo va a alcanzar la revista, no me la pierdo. aceptan subscripciones?
LGM:)
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