Así cuentan las dunas: ayer un desconocido me visitó a escondidas, rubio, de ojos azules, rechoncho, con una lupa y una pequeña bolsa de tela blanca lisa en la mano. Tomó de mí puñados como si desnudara a una mujer, sentí como gozaba el contacto de las palmas de sus manos. Le canté, me hizo bailar, le emocioné con mi voz y ¡cúanto él a mí! Le arrullé y se dejó caer sobre mis hombros. Me abrazó con el abrazo del extraviado. Luego me besó y dijo: Me sentiré feliz si fijo tu edad, tu nacimiento y tu lugar de origen, y los pueblos que se han perdido por tu llanura.Se impuso el silencio. Ese silencio del desierto que aumenta en majestad cuanto más se le presta atención. Los sabios de más de ochenta años se reunían y dedican días a oírlo. Suben a una colina para observar el laberinto del campo abierto. Espantan las moscas y prestan oídos al silencio sagrado sin herir su majestuosidad con una sola palabra. Es el silencio de la soledad y del vacío tomado prestado de Waw. Así dicen los adivinos. Somos una generación que no aspira a conseguir botines ni a hacer esclavos con las razias, al igual que hemos perdido la esperanza de encontrar la felicidad en el seno de bellas muchachas. Renunciamos hace ya mucho tiempo a encontrar Waw.
2 comentarios:
bonito texto y bonita foto ¿es tuya?
No. Nada. Era por darme un chapuzón ; )
Publicar un comentario en la entrada