Tambor
Iván fue el último. Era el más joven y tal vez el más idealista de todos los comuneros. Por eso quizás vivió el descubrimiento de la forma más dramática. Sobre sus débiles hombros gravitó toda el peso de la caída de un régimen político, de la fiebre eclesiástica provocada por el Concilio, de la ruptura de tanta y tanta institución en que como todos se había cobijado y, por supuesto, de aquel gran descubrimiento de la machihembrez del mundo. Y todo vivido en primera persona con plena conciencia y lucidez, con la sensibilidad del artista que percibe tanto el crecer de la hierba en el prado como el desarrollo de las ideas en las conciencias, implicado de lleno en el drama, llevando adelante la ingente tarea de amarrar el cabo de todos los hilos.
Coda: Toca el tambor y nada temas, y besa a tu compañera. Sin fragilidad no hay fortaleza.
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