sábado, 25 de octubre de 2014

Aitor Franco, dos poemas

MOREL

Oficio melancólico, construir estas jaulas.
Juan Luis Panero


He construido, en pleno siglo XXI,
una isla artificial.
He comprado gansos y especies nadadoras
poco dadas a escapar: me pican en el cuello
y a lo sumo, hacen cosquillas.
Nada más.
He traído tres ciegos y un elefante en miniatura.
(Recuerdo que en el siglo XIX el poeta John Godfrey Saxe
creó su propia versión del mito hindú
con forma de poema).
La isla, dicen, favorecerá la monogamia
y mi reclusión, que podemos considerar voluntaria.
Aprenderé de Thoureau y, si tengo un perro,
lo llamaré Walden.
De ello depende mi idea de la circularidad.

Por curiosidad (y aburrimiento) me probaré el pijama de mi hermana.
A los turistas les pediré un título de acreditación,
similar al de las cajetillas de tabaco.
También la isla podré llevarla de alguna manera en el bolsillo.

Las postales de amor, por ejemplo, no tendrán remite.
No desperdiciaré en vano mi colección de sellos.

Una isla para encontrar algún libro de Bioy Casares o de Huxley,
con la terrosidad de su estructura.
Una isla entera para dedicarme a las ruinas como forma de amor.
No hacer nada y poner una rosa
en un cubo helado de limón y con lejía.
No leer a Ovidio.
Mucho menos a Safo.
Creer en los sueños
atenazadores de Robert Browning
que me persiguen como elefantes moribundos.
No habrá padre, pues no hubo Dios.
Pero dispondré de aquello que me dieron de niño:
el poder de señalar.
Nominar. Proporcionar una nueva oportunidad de existencia
a las cosas.

Quedará contemplar la basura y celebrarla.
Dicen que algunas muñecas se han quedado sin brazos de tanto
saludar al mundo.
Se venden al fondo de las tiendas, junto a adornos de plástico
y juguetes para la bañera.

Os daré mi custodia,
y me cuidaré de crecer con perseverancia y dedicación.
A los árboles que se repitan les diré
que no hay parentesco entre nosotros.
Leí que hay una jaula en cada pájaro, obstinada en florecer.
Que en ella todas las paredes son blancas y al besarlas se arrodillan.

Como a Hosei, tener una isla me hace superior a un vagabundo.
Me escribiré mucho para no sentirme único.
Estaré solo a menos que me lleguen esas cartas.

Seguro que hay quien me compara con el Rey del Principito.



MECANO

Pienso en cómo se conforma un libro de poemas.
No es fácil
reunir a unos cuantos extraños en una vida
común y hacer que actúen
en familia.

Recomponer, otra vez, la caja de herramientas,
las piezas de serie
ilimitada.
Armar
los renglones torcidos,
decir lo imprescindible cada vez y no más.

Cuando los curiosos
se acercan a tocarla
pienso que la poesía es un enorme muñeco
inflado, irregular, mal hecho;
ahí están, a la vista de todos,
las costuras del tiempo.

Viste un traje negro,
como de empleada de pompas fúnebres,
y una especie de zapatos ortopédicos.


Todo empezó en otra ciudad y en otra vida, anterior a ésta de ahora pero posterior a aquélla. Por eso no puedo escribir esta historia como yo quisiera –como si todavía estuviera ahí y fuera sólo esa otra persona.


Valeria Luiselli
Los ingrávidos
"Vanidad de creer que comprendemos las obras del tiempo: él entierra sus muertos y guarda las llaves. Sólo en sueños, en la poesía, en el juego -encender una vela, andar con ella por el corredor- nos asomamos a veces a lo que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos."

Julio Cortazar

viernes, 24 de octubre de 2014

He llegado al fin. Y cuanto más desolado el paisaje, más me gusta. Y cuanto más inhóspito, menos importa el grito. El paisaje desolado y las señales aisladas que dicen: usted está aquí. Todas las cosas que dijiste siguen allí. Arañando el viento. Arañando el bordillo. Cómo ibas a apagar la luz sin luz. Todo lo que no podía perderse, decía yo, toda la magia, sólo era un truco de prestidigitador
que ahora repites de memoria
chasqueando los dedos de la mano.


Emily Roberts