Dos meses después el ordenador registraba valores de comportamiento y diferentes estados de espíritu conforme al número que le cupo a cada habitante.
Entre el 1 y el 1000 estaba el perfecto contento de sí mismo aún así dividido en mil exactas pequeñas parcelas.
Nadie reconocía autoridad a quien tuviese número superior al suyo lo que explica que el 57229 comiese con los perros y tuviese que masturbarse porque ninguna mujer quería dormir con él.
Los habitantes del 1 al 9 se consideraban jefes de la ciudad y vestían según las modas del ocupante.
Pero el primero de ellos se mandó hacer un aro de oro que suspendía sobre la frente como señal de poder y autoridad y hoy basta esta señal para que todas las cabezas se curven a partir del 2.
Sin embargo sólo el ordenador sabe que esos números son provisionales y que dentro de veinticuatro horas todos se borrarán para reaparecer por orden inverso.
El Año de 1993
J. Saramago

